14 de octubre de 2012

Utópica Compañía

En un solo mundo se encuentran dos almas perdidas en la inmensidad, llenas de lejanía, abastecidas de mil deseos con la mirada desgastada de tanto no ver lo que viven en un sueño autónomo. Viviendo de imaginaciones, cargadas de emociones aletargadas y condenadas a ser sólo eso.

Almas que en la profundidad de la noche emprenden el viaje a una aventura de delirantes deseos que a la sombra de la oscuridad se abrazan a memorias celebrando el sueño de alguna piel, de manos, de algún suspiro, llevando a cabo el galardón de aquel beso.

Almas que esperan pacientemente cubrir sus rostros de dulces miradas, esperanzadas en invadirse, entrarse una a la otra y morar justo en el lugar sin espacio de la ilusión que nace cada día y subsiste de pensamientos cautivos

El deseo de encontrarse es infinito e inmenso como la distancia que no acaba y en la lejanía hay miradas que se oyen, labios que se miran, palpitaciones que se tocan, anidándose así a pieles que se llaman.

Lo real es lo incierto, la verdad está en lo oculto, el antagonismo al equilibrio perfecto entre el encuentro y la unión es la razón y la conciencia que cortan las alas haciendo convicto cualquier sentimiento.

Y en cada despertar, en cada soledad, en cada silencio llega la letanía haciendo que este anhelo abra la puerta a un paraje predilecto donde habitan dos, lo conocen dos, lo saben dos y sólo dos pueden sentirlo. No hay nadie más, no hay cabida a nada más.

Almas que aunque perciban el final no entran en conformidad y buscan constantemente la manera de hacerse sentir una a la otra y así silenciosas, distantes inevitablemente, no estarán ausentes.

Por su parte deciden residir en el abismo, donde estarán eternamente fantaseando, a la espera, haciendo de cada latido una posibilidad.

Vagarán por siempre así, solas, y ya ahí... para siempre unidas…

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