No tengo nada, no sé qué siento, no sé qué hacer, no sé si
caminar, si correr, no sé qué pensar o hacer, me quede sin letras, y sin
pensamientos, sin mentiras, pero con la verdad, esa que te paraliza los
sentidos y los motivos, no la vi, no la predije, no la sentí, no la encontré
antes, si mi fuerza se supone que es la observación entonces hoy estoy débil,
sin defensas, sin armas y sin razón, sin confianza para ver a través de ti,
para saber que hay ahí dentro de los muros de tu cuerpo.
Abatido, si, esa es
la unión de letras que definen lo disperso que estoy que no entiendo nada, esa
palma en mi pecho, con la etiqueta de prohibido, con la razón de tu verdad que
me alejo (…) esos tres puntos están ahí porque no tengo idea de cómo
continuar, de que hacer, no tengo la más mínima idea de que buscar, hoy estoy
vacío, hoy no me conozco, mi confianza, mis deseos y mis lucen se perdieron, o
tal vez simplemente murieron cuando tus labios dispararon la única y absoluta
verdad que haría poco probable al menos cumplir el deseo de tus labios, y que no sea
el espejo quien te de la imagen de lo que deseas.
¿Porque tan lejos incluso tocándote?
Qué se yo, mejor cállate e intenta sentir ese porcentaje de verdad que me dejo
la ventana de tu habitación abierta, ¿Debería entrar por ahí y esperarte?
No estaría mal, ¿Verdad?